Lo que tenemos que leer: Movimiento Corazón Rockero rechaza concierto de Caramelos de Cianuro en Chacao y dice “Que se vendieron al sistema”

El músico Paul Guilman, presidente de la fundación Corazón Rockero rechazó a través de un comunicado el concierto a distancia que realizó la banda venezolana Caramelos de Cianuro para los vecinos de los Palos Grandes en Caracas, que a través de sus ventanas y sin acercarse a la mítica agrupación, lograron disfrutar de la música de la agrupación.

Montados sobre un camión y con unas cornetas, los integrantes de la banda venezolana Caramelos de Cianuros se pasearon por la 4ta avenida de los Palos Grandes, en Caracas e interpretaron sus temas más famosos para subirle el ánimo a la gente.

En el comunicado Corazón Rockero declara “Estos tarifados, arrastrados al mismo sistema contra el que se ha levantado el rock toda su vida, no pueden ser considerados promotores de nuestra música”.

Un par de semanas atrás, un grupo de actores disfrazados de los vengadores realizaron la misma actividad para subirle el ánimo a los niños, pero de esta presentación la fundación no se pronunció en el comunicado.

A continuación el texto íntegro:

“El rock no se vende al sistema, ni se regala al coronavirus”

En medio de la pandemia originada por el COVID-19, también conocido como CORONAVIRUS, que ha cobrado la vida de, hasta hoy, más de 355.670 personas, y ha contagiado a más de 5.755.396 personas, en el mundo, Venezuela destaca como uno de los países con menos contagios, y con menos fallecidos, del mundo entero. Hasta ayer: 1.211 casos confirmados, de los cuales solo hemos perdido, de forma lamentable, 11 compatriotas.

Las y los venezolanos, no solo elegimos un gobierno que ha manejado esta crisis con responsabilidad, coordinado por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro; sino que, además, gozamos de toda la libertad de expresión e información para recibir, de medios mundiales de toda tendencia, además de nuestros nacionales, la unanimidad (como pocas veces se ve) de que gravedad del COVID-19. Por eso, porque sabemos, aceptamos voluntariamente la cuarentena y el distanciamiento social, para proteger nuestra salud, y nuestra vida. Mientras en otros países la represión es la forma de controlar, en Venezuela nos controlamos, por decisión propia.

Y así hemos sido las y los rockeros venezolanos. El rock no se detuvo en esta Venezuela en cuarentena; por el contrario, nos hemos reinventado para seguir llevando nuestra música. Quienes hemos cedido voluntariamente nuestros espacios en radio y televisión, nos comunicamos a través de programas hechos para Internet (podcasts), o entrevistas en vivo en nuestras redes sociales, o llevando nuestra música en conciertos virtuales, a un público que está muy activo, comentando, participando, e incluso, dejándose atraer, por esta música que ya no pertenece a una secta excluida, o excluyente, que se encierra en un bar, sino que está en todos los espacios. Las y los venezolanos, independientemente de la música de su preferencia, quieren escuchar Rock y Metal, y especialmente, Rock y Metal venezolano.

Nadie en su sano juicio (o que no tuviera un interés oscuro) rompería esta cuarentena que las y los venezolanos decidimos para cuidar su salud. Por eso sorprende que, en días pasados, una agrupación de pop venezolana, patrocinada por una marca de refrescos, y que se hace llamar rockera, ofreció un concierto en Caracas, bajo el auspicio de la alcaldía de Chacao.

En circunstancias normales, esa sería una buena iniciativa; siempre hemos sido partidarios, y hemos luchado, porque el Estado venezolano nos reconozca como expresión del arte, y que financie al rock, como financia a la música clásica, y otras expresiones no nacidas en Venezuela. Pero ¿Quién podría auspiciar un concierto, en un momento como este, donde no deben crearse focos que rompan el distanciamiento social?

No solo el Alcalde de Chacao lo permitió, y además amenazó con que continuarían haciendo esos conciertos; también el alcalde de Baruta promete la realización de supuestos festivales de rock en Las Mercedes, organizados por Fundaciones que en el pasado excluían a bandas, ni siquiera por la tendencia política de la misma, o de su arte (lo cual debe permitirse, como el Gillmanfest, por ejemplo, lo permitió), sino por la tendencia individual, y no contada, de sus integrantes, quienes son investigados a través de las redes sociales, para ser excluidos.

Estos inoportunos festivales, dejan caer las máscaras, con simples preguntas:

¿Cómo es posible que se hagan estos eventos, en una supuesta ‘crisis humanitaria’, donde la ‘falta de recursos’, supuestamente, ha hecho que algunos músicos, a diferencia de la gran mayoría que nos hemos quedado en Venezuela, se hayan ido del país, con el deseo de seguir haciendo su música (cosa que, por cierto, no han logrado donde se han ido)?

Nos hubiera gustado que, como se vio en algunos de estos privilegiados festivales, donde el rock se acomoda al gusto del patrocinador, y no de la música (lo cual explica la poca asistencia de público a los mismos), están siendo apoyados por una transnacional de dulces, una marca de refrescos, o incluso, ojalá, la propia Alcaldía de Baruta (lo que, si es así, debería incluir el pago de todo el personal que allí labora, desde los de logística, hasta los técnicos, personal de sonido, personal de tarima, presentadores de eventos, y por supuesto, las bandas, todas, sin excepción).

Pero lamentablemente, han llegado a nosotros las pruebas con las que hemos ilustrado este comunicado. Las mismas, dejan ver que este “rock” que nos ofrece extraños ‘espectáculos al aire libre’, en medio de una pandemia, no es lo que, en esencia, debe ser esta música contra el sistema de los países donde se originó: Esos documentos, fechados en el año 2011, desclasificados por el gobierno de Estados Unidos, demuestran que el gobierno de ese país está financiando a, citamos: “Una organización con más de 15 años de experiencia apoyando bandas nuevas y emergentes en Venezuela”, con el fin de: “Promover una gran reflexión entre la juventud venezolana sobre la libertad de expresión, la conexión de estos jóvenes con la democracia, y el estatus de la democracia en Venezuela”, fin de la cita.

Creemos que, como tantos fondos ilegales entregados por un gobierno extranjero a sus agentes en Venezuela, militantes de la oposición venezolana (especialmente en estos últimos 2 años), los recursos fueron utilizados para otros fines. No se ve en Venezuela banda reconocida en la escena del rock, que, citamos de nuevo el documento: “Hagan canciones para estos festivales, que discutan la necesidad de proteger la libertad de expresión en Venezuela”; una libertad tan absoluta en nuestro país, que si hubiera existido alguna banda que hubiera cumplido con el requisito anteriormente mencionado, y si fuera verdad que hubiera una dictadura en Venezuela, tendrían canciones coreadas por las y los siempre rebeldes rockeros venezolanos, como lo fueron en los años ochenta las canciones: “Represión latinoamericana”, “Desempleado” “Los gusanos del poder”, y “Levántate y pelea” de Arkangel y Gillman, respectivamente, “El Esequibo”, del grupo Témpano, o “América”, o “Pobre diablo”, de La misma gente.

Lamentablemente, no solo estos eventos son patrocinados por un país que hace propaganda contra Venezuela, sino que buscan corromper a músicos que deberían escribir lo que su libre pensamiento, y no el dinero, les dice. No se conoce caso de gobierno, nacional o extranjero, que haya pagado a Arkangel, Época de recluta, o cualquier banda de rock o metal venezolano, para escribir sobre lo que quiera; por el contrario, nuestras bandas, hasta la llegada de la Revolución Bolivariana, tenían que cuidarse del riesgo de ver suspendido su concierto por los cuerpos de seguridad de la época (en la que, además, existía la excusa perfecta para reprimir a un rockero: La recluta forzosa. En un país que se decía democrático, su fuerza armada, dominada por un ejército extranjero, se portaba como tropas de ocupación en su propio país).

Pero además, es imposible pensar que Metallica, cuando habló de ‘Héroes desechables’, refiriéndose a jóvenes enviados a pelear en guerras sin sentido por el gobierno de su país, o Judas Priest, cuando invitaba a ‘romper la ley’, fueran pagados por la corona británica, o por la casa blanca, para que escribieran letras que hablaran sobre libertad, y sobre democracia.

Estos tarifados, arrastrados al mismo sistema contra el que se ha levantado el rock toda su vida, no pueden ser considerados promotores de nuestra música; porque, además, caben más preguntas:

¿Por qué no hicieron estos festivales en diciembre del año pasado, donde si no es por las luces y el Festival “Suena Caracas”, Chacao, o Baruta, hubieran sido pueblos fantasma, pues sus alcaldes impusieron a sus vecinos que ‘no había navidad’, lo que convirtió una celebración tradicional en una fiesta oculta dentro del hogar?

¿Por qué no hicieron estos festivales rebelándose, en 2014, o 2017, contra los grupos paramilitares, disfrazados de ‘estudiantes pacíficos’, cuyas ‘guarimbas’ dejaron casi 200 asesinados, incluso víctimas que fueron quemadas vivas, y que con cinismo adornan el indigno suelo de la autopista de Prados del Este, con sus nombres?

¿Por qué en 2019, en medio del golpe eléctrico del que todavía nos estamos recuperando; no hicieron su festival en un conocido hotel de Las Mercedes, que si tenía electricidad, porque allí se encontraba un pretendido usurpador de la presidencia de Venezuela, a quien nadie eligió, haciéndose unas fotos para la farándula internacional?

¿Por qué hoy, en 2020, y justo en la pandemia?

Porque estos no ‘ambiciosos conciertos de producción nacional, con una tarima open air al estilo europeo’
No; estos eventos son provocaciones, y así lo denunciamos, que buscan que la gente viole la cuarentena, con dos propósitos:

El primero, que el gobierno nacional, cumpliendo su deber, suspenda dichos eventos. Para lograr su tradicional propaganda, donde no hablarán de un gobierno responsable que suspende eventos por una pandemia, sino de: “Una dictadura que no tolera el rock”, refiriéndose con dicha falsedad a la única democracia verdadera, donde el Estado no solo ha abierto las puertas, sino que ha promovido al rock nacional y mundial. Ningún venezolano ha invertido en el rock con su propio bolsillo; solo el Estado actual lo ha hecho, porque hoy, los recursos de las y los venezolanos, se quedan en Venezuela.

Y el segundo, que va más allá de otra falsedad contra Venezuela, y que sí es grave: Si alguna persona contagiada por coronavirus llegara a esos eventos (recordemos que los primeros casos se dieron en el Estado Miranda, valga decir, en los municipios Chacao y Baruta) ¿Qué ocurriría? El perverso placer de políticos como Donald Trump (contra quien el rock sí debe protestar, pues cercena hasta la libertad de expresión de los periodistas que le preguntan verdades, no propaganda). Una Venezuela con ’30.000 muertos por coronavirus’, lo que falsamente anunciaron otros tarifados, ‘Human Rights Watch’, sobre una Venezuela donde muy pocos podemos decir que conocemos a alguna víctima del COVID-19.

¿Para esto pretenden prestarse estos pseudo rockeros? No han entendido entonces de qué se trata nuestra música, que no es solo saber tocar un instrumento.

Por lo anterior, las y los integrantes de CORAZÓN ROCKERO, organización nacida de quienes estamos creando una infraestructura para desarrollar el Rock y el Metal, en Venezuela, con recursos venezolanos, que patrocinan eventos profesionales de Rock y Metal, donde se paga, y con orgullo, a todas y todos los que hemos hecho los conciertos que más público han traído en evento de Rock o Metal alguno que se haya dado en Venezuela; rechazamos estas provocaciones disfrazadas de conciertos, pagados por un gobierno hostil a nuestro país, y realizados por tarifados que buscan crear un rock domesticado, bajo el pensamiento único contra el cual siempre ha estado el Rock, desde las plantaciones de los esclavos afroestadounidenses, hasta las fábricas de los jóvenes obreros ingleses que crearon el Metal.

Terminamos este comunicado, hablándote a ti, hermana rockera, hermano rockero, hermana metalera, hermano metalero: Nos esperan los mejores conciertos y festivales de nuestra Venezuela. Mientras termina la cuarentena, no caigas en la trampa de unos arrastrados que se hacen llamar rockeros, pero que en realidad le cantan al sistema que perseguiría al rock si ellos fueran gobierno, como ya lo hicieron en el pasado.

Nos seguimos viendo en la radio, en la televisión, en las redes sociales, y muy pronto, en los conciertos; mientras tanto, de CORAZÓN ROCKERO, te decimos: ¡VENEZUELA, QUÉDATE EN CASA!