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En el marco del VII Festival internacional de Teatro de Caracas,  nos llega de la mano de La Compañia de Teatro La Morena de Uruguay, la obra   No daré hijos, Daré versos una puesta en escena en tres actos sobre la vida y la obra de la poeta Delmira Agustini,  Esta fue la primera mujer en Hispanoamérica que escribe poesía erótica, y además la primera de Uruguay en divorciarse de su esposo, cosa que pasa al mes de haberse casado. Pero la obra cuenta mucho más que eso. De una manera muy creativa, los actores generan durante el primer acto una conversación de tres parejas que termina siendo la misma pareja, pero en tres momentos diferentes, y que llegan a exponer los problemas de alcoba de la poetisa.

Los diálogos, magistralmente presentados con fragmentos de las poesías de Delmira, permiten que seis actores vayan entrelazando una historia que se mueve por varios elementos: El deseo de vivir intensa y libremente; los códigos de una familia conservadora uruguaya a inicios del siglo XX; el deseo de amar sin ataduras; la rebeldía y la explosión de una mujer, que como muchos afirman, vivió adelantada a su época.

Con un primer acto muy dramático, la obra pasa a ser una comedia ligera y ágil, que explica la vida de Delmira y la situación en la que el marido no la satisfacía como mujer.

Para el tercer acto la obra vuelve a cambiar, y cuenta la historia de la subasta en donde se vendieron en 1970 las piezas de casa de la poetisa, de la boca de los presentes, haciendo que esta sea una presentación no sólo creativa y versátil, sino que además cumpla con la función de educarnos en el trabajo de Agustini.

Todo en escena está perfectamente bien logrado: los vestuarios, la música, las actuaciones y el texto, sin contar lo que sienten los espectadores al momento de ver la obra, que salen todos con una sonrisa y anotando en nombre de la poeta para googlearla. De verdad una obra fascinante.

tro del marco del Festival internacional de Teatro de Caracas, se presentó en el Teatro Nacional  la Obra Una Gabriela, Mistral Entre Líneas de la Agrupación chilena Compañía de Teatro Patrimonial. La obra rinde homenaje a la ya mítica poetisa  que comenzó sus días como maestra de escuela y que se ha transformado en uno de las referencias en cuanto a literatura latinoamericana se refiere.

La puesta en escena no sólo busca crear un homenaje a Mistral recreando su vida y el contexto en el que escribió muchas de sus obras, sino que además realza su relación con Pablo Neruda y otros escritores, así como toca el tema de su homosexualidad y su lucha por la reivindicación de los derechos de la mujer en una época marcada por la dominación masculina. Sin embargo carece de varios elementos que la hace lenta para un espectador poco acostumbrado a montajes de este tipo, ya sea por detalles en la producción o por errores bastante fáciles de evitar al momento de la dirección.

La obra se desarrolla en largos monólogos que intentan convencernos más que desarrollar el personaje,  (Algunos de ellos de espaldas al público) con marcada tendencia de diferentes ideologías en diferentes momentos, lo que evitan que la trama avance y que las situaciones parezcan más anecdóticas que de desarrollo dramático. Y dicho sea de paso, en por lo menos tres momentos se detiene completamente el desarrollo de la obra para pasar vídeos y fotos reales de  Mistral. Lo lamentable es que este recurso se mal aprovecha cuando se entiende que los vídeos no están completos, sino que son pequeños bucle de –por ejemplo- ella subiendo un peldaño de  una escalera y bajándolo en reversa por unos tres minutos.

Sumado a esto la presentación estuvo marcada por varios errores de ejecución desde la parte técnica con el video beam que se apagó una vez, y que hizo a la actriz improvisar, y también en una ocasión los técnicos encendieron las luces completas del teatro cuando debían encender sólo las luces del escenario. Ambos errores escapan del grupo , pero sí contribuyen a quitarle la magia a una función que ya venía con problemas. Un último punto lamentable que estoy seguro es culpa de quienes administran el teatro, y no del grupo responsable de la obra,  es que la iluminación era tan mala, que los personajes parecían estar inmersos en la oscuridad.

El Punto fuerte de la presentación es en definitiva el mensaje feminista de la misma, que muestra a una mujer empoderada y dueña de sus actos sin importarle la opinión de la sociedad e invitando a las mujeres a tomar el papel histórico que le corresponde. Además la actuación de  Arlette Ibarra Valenzuela como Gabriela Mistral es muy buena, se siente cómo ella va envejeciendo en la medida que su personaje lo hace, además de la fuerza con la que declama sus convicciones en escena. También hay que destacar la musicalización de la obra, que no sólo es acertada sino interesante, aunque no toda es en vivo. El músico presente en escena hace un divertido papel tomando parte en la acción junto a los personajes.

Una Gabriela Mistral Entre líneas es una obra difícil de ver, aunque con excelentes intenciones y un gran mensaje, lo que podría  hacerla disfrutable por algunos que quieran ir a ver exactamente lo que ofrece o sean amantes de la obra de la poetisa.