Arrobas en el exilio: La casa está ocupada

Arrobas en el exilio: La casa está ocupada

Por: Juan Carlos Zamora

Recibimos una llamada de nuestro director editorial, nos dice que ya está bueno de cocido, gazpacho, fabada y paella, y que teme que pronto comencemos a decir “patata” en lugar de papa, así que agarramos nuestros “macundales” y arrancamos para otro sitio (esperando que el director no descubra tan pronto nuestro gusto por las enchiladas, los tacos, las fajitas y el guacamole). Llegamos a la tierra de Quetzalcóatl y nos encontramos con @jsurriola, docente y escritor, autor de Experimento a un perfecto extraño, Cuentos a patadas, y Santiago se va. A pesar de estos títulos, prometemos no hablar sobre libros, porque sabemos queridos lectores que su interés, por ahora, está en saber cómo le está yendo a este compatriota, por qué se fue, por qué se mudó, por qué el señor… Bueno, pongámonos serios, pero a la vez cómodos, como siempre sugerimos, preferiblemente con una bebida y/o un bocadillo, y disfrutemos de este ameno contacto con el señor @jsurriola

  1. Hace bastante rato ya de tu exilio, y esta primera pregunta se nos descompone casi en ocho, para no decir que casi nos volvemos un ocho. En tu caso, ¿utilizamos bien la palabra exilio? Desde hace rato también, la situación en nuestro país no está fácil, ¿tu partida fue por una epifanía, el plan primigenio, plan “B”, simplemente había que huir, problemas con la mafia china…?

Yo nunca imaginé un futuro fuera de Venezuela. Lo digo en serio. Soñaba ciertamente de joven con vivir unos años afuera, estudiar en otra ciudad, vivir esa experiencia por unos años, pero al final regresaba siempre a casa con todo eso encima. Y la casa no quedaba en Barcelona ni en Buenos Aires ni en Ciudad de México ni en Nueva York, la casa a la que se volvía siempre era Caracas. Me fui luego de dos asaltos a mano armada, ambos en la autopista y a la misma hora, a la salida del trabajo, justo enfrente de la Bola de Soto (algún mensaje por decodificar debe significar eso). Mi esposa tenía una oferta de su empresa para trasladarse a México en aquellos días, yo no estaba para nada convencido, la segunda vez que me apuntaron con la pistola a la cabeza para quitarme el celular me convencí. Que mejor probaba la opción mexicana, que mejor intentaba afuera mientras las cosas mejoraban en casa. Que esa ciudad a la que quería tanto y en la que había pasado la mayor parte de mi vida–era hora de sincerarme- me estaba dando más miedo que fascinación. Y así me fui un octubre de 2010 a pasar una temporada afuera que se ha prolongado hasta hoy. No sé si tenga derecho a llamarlo exilio, es una palabra muy fuerte; pero sí hay una sensación de que te echaron de casa, que la casa está ocupada, pero que algún día –ojalá- todo cambiará para bien y te volverán a querer ahí de vuelta.

 

  1. En cuanto a la decisión de irte, en entrevistas anteriores hemos dado opciones para facilitar las cosas al entrevistado, y tan bien nos ha ido que ya no nos creemos tanta facilidad. A ver, cuéntanos, ¿qué tan difícil fue?

Fue difícil tomar la decisión, pero más difícil aún ha sido entrompar lo decidido. A veces siento que todavía estoy llegando. O que estoy recién aterrizado siempre. Me acuerdo con frecuencia de una frase tomada de la película francesa L’Haine (El odio): lo importante no es la caída, sino el aterrizaje.

 

  1. ¿Desconexión total luego de irte o, “¡gracias Dios por haber creado las RRSS!”?

Conexión absoluta. Con la familia, con los amigos, con las redes sociales. Los problemas del terruño siguen siendo mis problemas. Me duele ese país como si lo padeciera en carne propia en tiempo real. Que algo afecte a tus seres queridos puede llegar a ser aún más doloroso a que te afecte a ti mismo. No me puedo desconectar de Venezuela, no puedo ni quiero, me niego. Soy de esos venezolanos en el exterior que han cultivado un extraño don de la ubicuidad, están aquí pero con el alma siempre en otra parte.

 

  1. Estamos haciendo grandes esfuerzos por no desviarnos hacia la literatura–sí, lo advertimos antes, que intentaríamos no tocar ese tema-, y otros más grandes aún queriendo conseguir algo de morbo, así que, ¿puedes contarnos qué hacías acáen tu país antes de irte? ¿Cuánto sufriste intentando labrarte una mejor existencia?

Aquí tengo una respuesta doble y paradójica: me ha ido bien y no tan bien. Las cosas han fluido pero con tropiezos. Soy profesor y soy escritor, entonces como profesor he logrado insertarme bastante bien y bastante rápido, me he sentido respetado y querido en ese ambiente; pero como escritor ha sido lento, difícil y extraño el proceso. Tocar la puerta no es entrar, dicen; pues yo he tocado (bastante) y no he entrado. O estoy siempre traspasando el umbral a velocidad de caracol. Mis editores y mis lectores siguen siendo venezolanos en su enorme mayoría, eso no ha cambiado mayor cosa desde que me fui. Eso tiene algo bueno: me siento conectado con ellos, es una manera de permanecer a pesar de la ausencia.

 

  1. Hay partidas, llegadas, rupturas, inicios, que transforman a la persona, a veces de manera negativa, otras de manera positiva. ¿Para bien o para mal, luego de tu partida, qué ha cambiado en ti?

Mucho. Creo que todo. Ahora soy papá. Tengo una hija mexicana. México me ha dado una vida que vale más que mi propia vida. He cambiado mucho, eso creo, y para bien (eso quiero creer). La mejor maestra que he tenido en la vida tiene 2 años.

 

  1. ¿Cómo es tu ahora?, ¿qué tal te va? ¿Proyectos? (Si mencionas acá algo sobre algún libro, novela, etc., tranquilo, no habrá problema.)

Sigo escribiendo. Sin parar. Escribo minificciones, escribí un par de novelas (una está en el horno y la otra está participando en un concurso), escribo un libro inspirado en etimologías que se llamará La memoria de las palabras. Mi ahora es ser papá (es el trabajo más duro y gratificante que haya tenido jamás), dar mis clases, seguir investigando, seguir escribiendo, aprovechar cada oportunidad que surja para seguir haciendo y evolucionando.

 

  1. Volvamos a lo del morbo e imaginemos que estamos en el confesional de un reality show, mira a la cámara y dinos, ¿qué extrañas de tu país?, ¿qué comparaciones haces en algún momento que te llevan a pensar en la posibilidad de volver a tu terruño?

 Los domingos con la familia. Las cervezas con los amigos de toda la vida. Esa gente con la que te entiendes con apenas una mirada o un silencio. Extraño a un cerrito que queda en la urbanización San Luis de El Cafetal que era como mi Ávila personal y a escala. Lo subía todas las mañanas antes de irme a mi trabajo. Extraño a mis compañeros del Banco del Libro, a mis colegas y alumnos de la UCAB también un montón. Y tengo saudade de algo que no ha ocurrido: llevar a nuestra hija a casa de sus abuelos y sus tíos, llevarla al cine y a comer en los lugares que su mamá y yo acostumbrábamos a ir antes de que ella existiera.

 

  1. Utilicemos como excusa las RRSS y hablemos de joseurriola.blogspot.com ¿Qué mantiene vivos y sonrientes a esos “Rostros de viento”?

 México me ha regalado una nueva gama de lugares, anécdotas, intereses. Soy el mismo caminante que siempre va oyendo música y escribiendo en el aire para luego sentarse a intentar aterrizar todo eso en el teclado. El mismo caminante, solo que ahora por otras rutas, con otros paisajes y otros estímulos. Así que los Rostros de viento se siguen viendo pero en otros aires. Y así se mantienen con vida.

 

  1. Para finalizar con un gran cierre, pensemos en una novela titulada “José se fue”, ¿escribirías una segunda parte llamada “José regresa”?

 Me encantaría acabar algún día de regreso en Venezuela escribiendo esa historia del retorno. Con más canas y más arrugas, con más historias para contar y, ojalá, con más talento para hacerlo. Por supuesto que sí. Lo voy a anotar en mi libreta donde trazo los itinerarios de cada cuento que quiero echar antes de escribirlo, a ver si así ayudo al futuro a decidirse por dónde ir.

 

Culminamos este contacto, y nos vamos con la tranquilidad de saber que el buen @jsurriola se encuentra bien, feliz en su rol de padre de una hermosa muñequita, cuyas fotos parecieran ser parte de un catalogo de moda infantil. Si lo siguen en Facebook (José Urriola), además de admirar esas fotos, pueden compartir con él su gusto por la astronomía, aprender acerca del origen de las palabras, elaboración de Post-it notas, frases para imprimir en franelas y, recibir sus recomendaciones musicales. Su blog joseurriola.blogspot.com es un sitio del cual uno se lleva un pedacito de alma luego de cada visita. Busquen su arroba en Twitter y pregúntenle por sus libros, conversen con él, hagan que siga sintiendo que no se ha ido de Venezuela.

¡Hasta la próxima!           

By | 2017-10-13T09:27:39+00:00 octubre 12th, 2017|Venezuela|Comentarios desactivados en Arrobas en el exilio: La casa está ocupada

About the Author:

Lic. Artes, publicista y mercadóloga. Músico y Otaku, a mucha honra.