Arrobas en el exilio: Emigrada del amor

Arrobas en el exilio: Emigrada del amor

Imagino a @zhandrazul tomándose un café y tarareando “All you need is love, all you need is love, all you need is love, love, love is all you need…”. Quisiera quedarme con esa imagen pero la curiosidad no me deja. En la primera entrega de Arrobas en el exilio hablábamos de los motivos para emigrar de un país, y se me ocurre que con este ciclo de entrevistas seguramente encontraremos varios, y no todo indefectiblemente tendrá que ver con la necesidad de escapar de algo -o a lo mejor sí-. De cualquier forma, queridos lectores, acá estamos nuevamente, contactando arrobas para saber de ellos. Aprovechamos para anunciar que este encuentro será cada jueves, con una bebida, y/o el bocadillo de su agrado. Acompáñennos, pónganse cómodos y, conversemos en esta oportunidad, con @zhandrazul, quien también anda por España.

Por: Juan Carlos Zamora

 En Venezuela, hoy en día es harto conocida la motivación para dejar la tierra natal. También sabemos que hay personas que en su infancia, o durante la adolescencia, van plasmando en notas su propio diseño de un mejor futuro. En tu caso, ¿víctima?, ¿desempolvaste tu diario?, ¿un poco de ambas situaciones?

Mi caso es distinto porque soy, como oí en un congreso sobre migraciones en Latinoamérica, una “emigrada del amor”. Aunque siempre quise viajar, emigrar nunca fue mi objetivo.

Tu vida antes de irte del país, ¿muchos o pocos intentos por labrarte una mejor existencia?

En Venezuela tuve muchas oportunidades laborales interesantes, aunque sí sufrí más de un par de reveses inesperados: dos de ellos, cuando nacionalizaron las empresas en las que trabajaba. Sin embargo, mi experiencia fue muy positiva en cuanto a mercado laboral se refiere. Ahora, aspiraciones de tener casa propia, por ejemplo, imposible…

La decisión, ¿tu almohada pidió clemencia?, ¿murciélagos en el estómago?, ¿sin Pitocin ni anestesia?

No podía pedirle a un español que se adaptara al modo de vida caraqueño: “No saques el celular”. “No vayas mirando hacia arriba”. “No hables con nadie”. “No pares en los semáforos de noche”… El hecho de que no hubiera opción lo hizo todo más fácil: con murciélagos y sin anestesia, pa'lante.

¿Desconexión total luego de irte?, ¿o solo un poco?

¿Desconexión? ¿Eso qué es? Cada vez que pasaba algo importante -que sabemos que eso es algo muy frecuente en nuestro país-, me veías -ves- pegada de los medios que lo transmiten y de mis redes sociales. Llegué a ser muy aburrida para los nuevos amigos por ser monotemática, y en alguna ocasión, mi esposo tuvo que decirme que parara… Durante las protestas y represión de 2014, no dormía y no comía bien. Sentía que era mi deber informar -a paisanos y extranjeros- lo que estaba ocurriendo a través de mis redes, y en más de una ocasión esto probó ser más que útil: una vez llamé a mi mamá porque vi que había un enfrentamiento armado en la Av. Urdaneta y sabía que ella podría pasar por ahí sin saberlo. Al contestar, me dijo que iba en un autobús intentando atravesar justo esa vía y no sabían por qué había tanto tráfico. Mi llamada evitó que ella, el conductor y los otros pasajeros se metieran en una zona peligrosa. Por esa época también decidí estudiar un máster en DDHH, Democracia y Justicia Internacional en la Universidad de Valencia, para entender lo que estábamos pasando como país, y para encontrar vías para salir de ello y comenzar la reconstrucción que tanto necesitamos. Desconexión, ninguna.

Hay cambios, rupturas, situaciones, que transforman a la persona, a veces de manera negativa, otras de manera positiva. ¿Para bien o para mal, qué sientes que ha cambiado en ti?

En general, como país, me parece que necesitábamos una lección de humildad. Tuvimos mucho con relativo poco esfuerzo, y no aprendimos a valorarlo. Personalmente, creo que también aplica. Estudias y trabajas intentando dejar la mayor cantidad de puertas abiertas posible, y de repente te encuentras en otro país donde nadie te conoce, tu título no existe y tu currículum está lleno de líneas que nadie entiende. Creo que ahora valoro más lo que tengo, he aprendido que puedo adaptarme a los cambios y que el país que queremos requiere que aprendamos a ser pacientes, constantes y testarudos. Por otro lado, creo que nuestra visión de nosotros mismos ha cambiado: ya no somos tan alegres, no nos reímos de todo. El miedo nos ha hecho más ariscos y reservados… Es como haber pasado de tener un gentilicio infantil a uno más adulto. Esto, aplicado al ámbito personal, me ha hecho más precavida, o incluso recelosa con respecto a los discursos políticos, y más sensible a las noticias: cuando alguien ve lo que pasa en Siria y cambia de canal porque no le interesa, pienso que harán lo mismo con nosotros y me entra una gran impotencia. Es como un luto constante que se aplica a todo el mundo… “Cuando se tiene una tragedia, se tienen todas las tragedias del mundo”. Que me perdone Andrés Eloy.

El ahora: nueva vida, nuevo rumbo, nuevos proyectos. Cuéntanos un poco.

Mi currículum sufre de esquizofrenia. Soy una comunicadora social con un máster en DDHH y experiencia en prensa, producción de radio y televisión, subtitulación y… Ahora también en pedagogía infantil. Ahora soy profesora de inglés para niños, así que me he reinventado en algo divertido. Pero como el periodismo se lleva en la sangre, mi idea es seguir usando mis redes sociales para informar -ahora más a extranjeros que a paisanos- sobre lo que ocurre en nuestro país, ayudar a los compatriotas recién llegados y apoyar campañas de recolección y envío de medicinas al Hospital J.M de los Ríos.

 En las redes nos encontramos con zhandrazuleta.blogspot.com, y nos alegra ver que sigue activo. ¿Qué lo mantiene?

Bueno, ahora está bastante descuidado, pero es un pedacito de mí. Escribir es un hobbie importante, aunque ahora esté siendo reducido al acontecer del país -razón por la cual estoy más activa en las redes sociales…-. Para escribir historias de ficción o incluso narrar tus propias vivencias, necesito sentir que no estoy siendo irrespetuosa, y hay mucha gente que lo está pasando tan mal en mi país, que me cuesta. Sin embargo, muchas veces creo que mi familia y amigos en Venezuela necesitan distraerse con tonterías del día a día -por eso comparto algún que otro chiste o vídeos sobre Game of Thrones-, pero escribir… Es algo más complejo.

¿Durante un café o una copa de vino y remembranzas, llegas a plantearte en algún momento volver al terruño?

Oh sí. Todo el tiempo. Como periodista y como venezolana sería la primera en estar allá en todas las marchas, tomando fotos y entrevistando gente. Pero ahora mi familia también está aquí, así que debo esperar que mejoren las cosas para poder volver con ellos y mostrarles mi país sin poner en riesgo su seguridad.

 

Esperemos que ésta, por ahora pedagoga, no pierda su sangre periodística ni su vena creativa, y continúe informando y entreteniendo a través de sus RRSS. Dense una paseadita por  http://zhandrazuleta.blogspot.com/, y no dejen de comentar, a ella le encanta una buena y sana discusión.

¡Hasta la próxima! 

By | 2017-09-28T09:42:30+00:00 septiembre 28th, 2017|Venezuela|Comentarios desactivados en Arrobas en el exilio: Emigrada del amor

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Lic. Artes, publicista y mercadóloga. Músico y Otaku, a mucha honra.