La crítica internacional coincide en que la nueva aventura del gorila más temido del cine destaca por sus efectos visuales y un Kong a la altura

Noticia: Cinemanía

Ya queda menos para reencontrarnos con el gorila más temido por los rascacielos de Nueva York. Kong: La isla Calavera, que se estrena el próximo 10 de marzo, nos traslada a los años 70, tras la guerra de Vietnam, cuando unos exploradores viaja a una misteriosa isla del Pacífico. Tom Hiddleston, Samuel L. Jackson, Brie Larson y John Goodman comandan el grupo de intrépidos (e insensatos) aventureros que invaden los dominios de King Kong y otros seres monstruosos. La crítica internacional ya ha podido ver la película dirigida por Jordan Vogt-Roberts y estas son las opiniones más destacadas:

Drew Taylor (The Playlist): “En cuanto al nivel puramente visual, Kong: La isla Calavera es un placer. Evita muchos de los errores comunes que se cometen en una producción a gran escala, alejándose de cortes rápidos y movimientos de cámara torpes, en favor de una composición y ritmo más elegantes. Y el guión, de Dan Gilroy, John Gatins, Derek Connelly y Max Borenstein, es tan sólido que no se tambalea tanto como podría en las escenas en las que aparecen las criaturas para causar estragos. […] Vogt-Roberts y su equipo técnico han creado un Kong mejor formado. Parece menos realista pero a la vez es más real. Lo han hecho más monstruo y menos animal, dotándolo de más sentido y convirtiéndolo en una deidad ancestral o un protector de la isla; menos rey y más Dios”.

Robbie Collin (The Telegraph): “Kong: La isla Calavera es la séptima adaptación de la original King Kong (1933), pero la primera que podría haber sido lanzada como una película B a lo Apocalypse Now, descabellada y audaz. Evidentemente se ha rodado desde el entendimiento de que el revelar a un primate enorme no causa excitación por sí sólo, incluso si la nueva criatura es cuatro veces más alta que la original. […] En el fondo, toda la película es una especie de retro-artefacto excéntrico con sentido del humor: menos El corazón de las tinieblas y más tinieblas con corazón”.

Alonso Duralde (TheWrap): “No le falta ni diversión ni refinamiento, y tiene la pulcritud de una de esas comidas fast-food compartimentadas. […] El director Jordan Vogt-Roberts mueve las piezas de A a Z con un ritmo hábil, pero los personajes no dejan de ser esas simples piezas. A pesar de todo, ofrece unas cuantas escenas de acción memorables: un enfrentamiento lleno de suspense en un campo nublado lleno de huesos, y el monstruo gigante en acción, más palpable y peligroso que cualquier escaramuza robotera de la saga Transformers”.

Fionnuala Hallligan (Screen International): “Jordan Vogt-Roberts cocina una sinopsis retro y sentimental a base de tecnología, copiando páginas de Apocalypse Now y Platoon, y plantándolas en Parque Jurásico para plasmar una expedición militar ambientada en 1971 en Skull Island, al remoto hogar tropical de King Kong. Resulta aún más anticuado al remitir a criaturas de Black Lagoon o Tarantula, y con los humanos relegados a un segundo plano por efectos impresionantes. […] Si la película pertenece a alguien, es al diseñador de las criaturas Carlos Huante”.

Joshua Rothkopf (Time Out New York): “Cuando el monstruo aparece, casi anacrónicamente, es como si estuviéramos encerrados en un cajón de arena junto al niño de 10 años con más imaginación. Es una película hecha para fans de la lucha, avivados por la acción. […] Sin embargo, esta adaptación tampoco puede escapar de la sombra de la mágica King Kong de 1933. Aún esperas la clásica tensión psicosexual entre una mujer y un gorila; es decepcionante que Larson sólo se monte en la velluda zarpa del Kong una vez, y que casi no parezca vivir la experiencia”.

Peter Bradshaw (The Guardian): “Esta adaptación fantásticamente enredada y exasperantemente opaca de la historia de King Kong parece una mezcla insípida de Parque Jurásico, Apocalypse Now y cierto exotismo visual de Miss Saigón. No se acerca a los elementos de poder de la original King Kong, ni a los del remake de Peter Jackson. […] La película muestra la apariencia física del gorila demasiado pronto, rompiendo con el suspense, el foco narrativo se pierde por todos lados y el talento de Tom Hiddleston brilla por su ausencia. Sin apoyo del guión ni de la dirección, Hiddleston parece entumecido y tenso, y pronuncia las líneas al borde del pánico, como Michael Caine en El enjambre”.